¿Cuánto escuchas realmente en tus reuniones?
Todos pensamos que escuchar es importante, pero ¿cuántos de nosotros lo hacemos realmente bien? Un estudio realizado por Harvard Business Review indica que en reuniones importantes, muchos participantes están más enfocados en lo que van a decir que en escuchar activamente a los demás, lo que puede llevar a malentendidos y a decisiones menos informadas (Stop the Meeting Madness, 2017).
Otro estudio expuesto por The Journal of Experimental Psychology (Collins, 2024) plantea que 1 de cada 4 oyentes no presta atención en una reunión virtual, y en un 30% de los casos, las percepciones entre el hablante y el oyente no coinciden. Muchas veces creemos que alguien nos está escuchando cuando en realidad su mente está divagando —pensando en lo que hizo ayer, en lo que tiene que pasar a comprar al supermercado o en lo que va a decir en esa reunión—, y aun así, transmite señales de atención como sonreír o asentir.
And the winner is…
Hemos construido una cultura que premia al que habla más fuerte, al más visible, al que ocupa más espacio con sus palabras. Pero pocas veces valoramos la importancia de escuchar, observar y dar lugar al silencio.
Durante demasiado tiempo se nos ha hecho creer que ser “más callado” es un defecto. Nos olvidamos de que la naturaleza nos dio dos oídos y una sola boca, tal vez para recordarnos que estamos diseñados para escuchar el doble de lo que debemos hablar… Sin embargo, vivimos en un mundo que celebra la rapidez para responder más que la capacidad de comprender.
La trampa
Me acuerdo del caso de una profesional que acudió a mí convencida de que “había algo malo en ella”. Me decía que le costaba hablar en las reuniones, que no se le ocurrían buenas ideas para aportar. Antes de cada instancia laboral importante, se ponía muy ansiosa pensando que tenía que decir “algo inteligente”. Esa presión interna la desconectaba de la conversación y la atrapaba en un círculo vicioso: quería participar, pero al mismo tiempo se perdía lo que estaba pasando.
A lo largo de nuestras sesiones, descubrimos que su verdadero valor para el equipo no estaba en hablar más, sino en observar, analizar y escuchar con atención. Intervenía solo cuando era necesario, aportando desde la reflexión y la calma. Al soltar las expectativas autoimpuestas, dejó de rumiar pensamientos y pudo enfocarse en el presente, participando con seguridad y convicción. De a poco fuimos reemplazando etiquetas como “tímida” o “callada” por “observadora”, “analítica” y “con gran capacidad de escucha”. Este cambio de perspectiva resultó profundamente transformador para ella.
El valor del silencio
Cuando partí mi formación como coach el 2019, una de las cosas que más me costaba era aceptar los silencios en las sesiones. Ese espacio incómodo en el que la mirada queda fija y parece que “algo falta”. Al principio sentía que tenía que rellenarlo, como si mi rol dependiera de tener siempre algo que decir. Con los años he ido aprendiendo que el silencio es poderoso: abre espacio a emociones, pensamientos y reflexiones que no aparecen de otra forma.
La investigación lo confirma: según Hernández-Calderón y Lesmes-Silva (2018), la escucha activa genera seguridad y confianza, mejora la cooperación, ayuda a evitar malentendidos, fortalece los equipos de trabajo y proyecta respeto e inteligencia. Escuchar con intención es, en definitiva, una herramienta de liderazgo y de conexión humana.
El equilibrio está en saber cuándo hablar y cuándo callar. Hablar cuando importa, escuchar siempre. Porque el mundo no necesita más ruido, muchas veces necesita más conciencia y conexión.
5 claves para mejorar la capacidad de escucha
Como dice Simon Sinek, escuchar no es esperar tu turno para hablar. Escuchar es hacer que los demás se sientan escuchados: disponerse emocional, intelectual y corporalmente a estar ahí, resistiendo la tentación de interrumpir, corregir o completar frases.
Los investigadores sugieren algunas prácticas simples:
- Estar presente (pero realmente presente) – Sin distracciones.
Ej.: Guardar el celular en silencio durante la reunión. - Observar al/la que habla – Cómo habla y su lenguaje corporal.
Ej.: Notar tono, gestos y postura del que está hablando. - Parafrasear – Repetir lo que entendiste.
Ej.: “Si entiendo bien, dices que…” - Preguntar si no entiendes (sin miedo) – Evita asumir.
Ej.: “¿Puedes repetir esa parte?” - Respetar silencios – darles su espacio.
Ej.: Esperar 2-3 segundos antes de hablar.
Pequeños gestos que generan grandes cambios: cuando las personas se sienten escuchadas, aumenta su motivación, creatividad y confianza. Por eso la próxima vez que sientas la urgencia de intervenir en una conversación para destacar, pregúntate si realmente estás escuchando en forma consciente; quizás ahí está la verdadera respuesta para aportar valor real a la conversación. Como dijo alguna vez Jimi Hendrix: “Knowledge speaks, but wisdom listens”.