Por María Jesús Ramírez · Psicóloga laboral y Coach de carrera
El networking no es solo una práctica para quienes están en búsqueda activa de trabajo, aunque para ellos sea vital. Es una habilidad profesional que todos debiéramos cultivar de manera permanente: construir relaciones profesionales que nos permitan actualizarnos, entender qué está pasando en nuestro sector, conocer nuevas miradas y mantenernos vigentes en el mercado laboral.
Cuando el tema del networking aparece en las sesiones de coaching, escucho mucha frustración: “mando mensajes y nadie me responde”, “me da vergüenza pedir reuniones a gente que no conozco” o, derechamente, “no me resulta”. Y es completamente entendible. A muchas personas les incomoda pedir una reunión de networking; temen parecer insistentes, poco interesantes, desesperadas o sentir que están pidiendo un favor a cambio de nada.
Desde mi experiencia, el principal problema radica en asociar el networking profesional a la autopromoción o a la idea de “venderse”. Esa asociación le agrega ansiedad, exigencia y presión a algo que, en esencia, debería ser una conversación genuina.
El networking realmente efectivo no trata de hablar de uno mismo, sino de algo casi opuesto: preguntar y escuchar.
El error más común en el networking
Muchos profesionales llegan a reuniones de networking con la urgencia de contar su historia laboral, su trayectoria o sus logros. La intención es buena: mostrar valor profesional. El resultado, muchas veces, es el contrario. Saturan al interlocutor antes de construir una conexión real.
Cuando esto ocurre, la vinculación queda entregada al azar. Depende de si algo de lo dicho logra resonar, si captura interés o si aparece alguna coincidencia fortuita. La conexión deja de ser estratégica y pasa a depender más de la suerte que de una estrategia de networking consciente.
Además, es probable que la persona al frente llegue a esa reunión con poco tiempo, saturada de correos, mensajes y reuniones. En ese contexto, conectar desde el inicio es clave para que la conversación sea significativa y no solo una interacción más.
Cuando bombardeamos a alguien con todo lo que sabemos hacer, lo más probable es que al otro lado no haya apertura. Aparece ruido. Porque el mensaje no considera el contexto del otro, ni sus desafíos profesionales, ni la visión que esa persona en particular puede aportar.
El networking efectivo no empieza hablando.
Empieza preguntando.
Empieza escuchando.
Empieza conectando.
Cómo cambiar el enfoque: conectar antes de hablar
Una reunión de networking valiosa no parte con “yo hice…”. Parte con preguntas como:
- ¿Qué está cambiando hoy en tu industria?
- ¿Qué desafíos estás viendo desde tu rol profesional?
- ¿Qué habilidades están marcando diferencia en los equipos y los resultados?
- ¿Qué tendencias ves venir en los próximos meses?
Una pregunta bien formulada puede cambiar por completo el tono de una conversación de networking. La otra persona se abre, comparte su experiencia, entrega información del mercado y se genera un vínculo profesional más genuino.
Cuando escuchamos primero, ocurre algo clave: podemos alinear mejor nuestra propuesta de valor con lo que el mercado realmente necesita. La conversación deja de ser una transacción y pasa a ser una relación profesional basada en confianza.
Qué dice la ciencia sobre la escucha activa en el networking
La investigación confirma lo que intuimos. Cuando una persona se siente escuchada y comprendida, aumentan su confianza, su satisfacción y sus ganas de seguir vinculada profesionalmente (Aggarwal et al., 2005, Journal of Marketing Theory and Practice).
Desde la neurociencia, estudios muestran que la percepción de escucha activa activa el sistema de recompensa cerebral (Kawamichi et al., 2014, Social Neuroscience). Sentirse escuchado —percibir que el otro presta atención real, responde y muestra interés— genera evaluaciones más positivas hacia quien escucha.
La escucha activa no es solo oír. Implica comprender, interpretar, preguntar y dar señales de presencia. Cuando ocurre, la interacción se asocia a emociones positivas y a una evaluación profesional más favorable.
Esto tiene un impacto directo en las relaciones laborales. Escuchar bien aumenta las probabilidades de ser recordado, percibido como confiable y considerado para futuras oportunidades profesionales.
Escuchar como ventaja competitiva en el mercado laboral
En un mercado laboral donde la mayoría habla sin pausa, escuchar es una ventaja competitiva. No porque sea sofisticado, sino porque es escaso. Y como toda ventaja estratégica, se entrena.
Escuchar antes de hablar no es pasividad. Es una estrategia consciente para entender el contexto, leer al otro y elegir mejor cuándo y cómo aportar valor profesional.
Al final del día, hacemos networking para construir vínculos, no para acumular contactos. Y toda relación profesional que vale la pena comienza de la misma forma: prestando atención real a quien tenemos al frente.
Si este enfoque resuena contigo, quizás la próxima conversación profesional que tengas pueda empezar distinto: con más curiosidad y menos discurso.