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Las 5 habilidades que la IA no podrá reemplazar

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Las 5 habilidades que la IA no podrá reemplazar

Las competencias que más valoramos en el mundo profesional no han sido siempre las mismas. Han evolucionado al ritmo de la historia, las crisis económicas, la tecnología y las expectativas sociales. Si antes premiábamos la obediencia, la permanencia y la estabilidad como máximos indicadores de éxito, hoy el escenario cambió por completo: necesitamos profesionales capaces de adaptarse, aprender, crear y pensar por cuenta propia. Este recorrido generacional no solo muestra cómo ha cambiado el mercado laboral, sino también cómo la forma de trabajar revela quiénes somos y qué valor aportamos en un entorno donde la transformación ya no es una tendencia, sino la norma.


Es interesante pensar en cómo han ido cambiando las competencias más valoradas a medida que avanzan las décadas. Hace 70 años, un profesional era reconocido principalmente por su compromiso incondicional, su permanencia a largo plazo en la misma empresa, su capacidad de seguir instrucciones sin cuestionar demasiado, y su lealtad a prueba de todo. Ese era el ideal del “buen boomer”, moldeado por un contexto histórico que no daba mucho espacio para experimentar. En Chile, por ejemplo, fue una época donde se vivían transformaciones políticas y económicas relevantes, una inflación creciente (que llegó al 30% a fines de los años 60) y un mercado laboral donde la estabilidad era un bien escaso y muy valorado. En tiempos de incertidumbre económica, las organizaciones esperaban perseverancia y empuje de sus colaboradores.

Entre los años 70 y 90 surge la denominada “Generación X”, la primera en vivir la transición desde lo analógico hacia lo digital. Crecieron viendo a sus padres trabajar décadas en el mismo lugar, pero ellos enfrentaron un escenario distinto: privatizaciones, globalización y un país que se modernizaba rápidamente, en parte debido al aumento del acceso a la educación superior. En los 90, por ejemplo, la matrícula universitaria creció cerca de un 100% respecto de la década anterior, lo que generó un verdadero “boom” de profesionales titulados ingresando al mercado laboral (Mineduc, Evolución de la Matrícula 1990-2009). Ya no bastaba con obedecer; era necesario demostrar autonomía, pensamiento crítico y capacidad de aprender de forma independiente. La Generación X abrió el camino hacia profesionales más autosuficientes y flexibles, capaces de enfrentar cambios tecnológicos y mercados inestables sin perder el rumbo.

Luego llegamos a los inicios de los años 2000: el lanzamiento de Wikipedia, Britney Spears, Beyoncé y Eminem sonando en las radios, el mundo en shock tras la caída de las Torres Gemelas y China entrando a la OMC. Una época enfocada en la digitalización, aunque todavía convivíamos con procesos manuales y mucho papel. En este contexto, millennials y centennials irrumpieron en un mercado laboral transformado por la globalización, la masificación de internet y crisis económicas que redefinieron la idea de estabilidad.

Los millennials crecieron en pleno auge tecnológico y enfrentaron la crisis del 2008, que reforzó la necesidad de aprender rápido y adaptarse. Los centennials, en cambio, nacieron en un mundo hiperconectado, marcado por redes sociales, automatización y cambios vertiginosos en los modelos de trabajo. Llegaron con una relación natural con la tecnología y mayores exigencias de propósito y flexibilidad. Juntas, estas generaciones consolidaron un giro clave: ya no basta con ejecutar; hoy importan la agilidad, la curiosidad y la capacidad de moverse con soltura en un entorno global en constante cambio.

Pronto se integrarán al mercado laboral las generaciones alfa y beta, criadas en un entorno donde la inteligencia artificial será parte natural del trabajo y la automatización un hecho asumido. Para ellas, lo digital no será una herramienta, sino el ambiente mismo. En ese contexto, no bastará con usar tecnología: deberán interpretarla, cuestionarla y crear sobre ella. En esta misma línea, Jeff Bezos plantea algo decisivo para entender hacia dónde vamos: existe un tipo de trabajador que la inteligencia artificial no podrá sustituir. Aquel capaz de imaginar soluciones diferentes, combinar ideas dispares y construir algo nuevo sin un manual previo (El Confidencial, 2025).


Debo reconocer que Bezos siempre me ha llamado la atención, no por su fortuna ni por todo lo que ha creado, sino por su habilidad para tomar ideas complejas y aterrizarlas en lo cotidiano sin perder profundidad conceptual. Para él, esa creatividad práctica es la habilidad que ninguna máquina puede ni podrá replicar, porque nace de la experiencia humana, de la curiosidad y de la forma en que interpretamos el mundo. En un contexto donde la automatización avanza más rápido que cualquier reforma laboral, será justamente esa capacidad de crear lo inédito la que diferenciará a los profesionales del futuro.

Mirando este recorrido generacional, es evidente que las competencias que antes definían a un “buen profesional” ya no bastan para enfrentar lo que viene. Hoy, las habilidades que permitirán sobrevivir en un entorno profesional cambiante son aquellas que no pueden ser reemplazadas por máquinas y que son tremendamente humanas;

  1. Curiosidad sostenida: ser capaces de explorar, cuestionar e investigar como motor permanente de aprendizaje.
  2. Creatividad práctica: la capacidad de imaginar alternativas, conectar ideas y diseñar soluciones innovadoras y aplicables.
  3. Adaptabilidad: ajustarse con rapidez, incorporar nuevas herramientas y mantenerse vigente en contextos cambiantes (lo único permanente seguirá siendo el cambio).
  4. Comunicación efectiva y asertiva: expresar ideas con claridad, influir, escuchar, leer el contexto y conectar con las necesidades reales de los otros.
  5. Empatía: comprender a los demás, trabajar en equipos diversos y construir relaciones de confianza.

El desafío es dejar de pensar en el trabajo como un lugar donde solo ejecutamos, y empezar a verlo como un espacio donde aportamos valor desde nuestra identidad, propósito y forma única de interpretar el mundo. Porque el profesional del futuro no será el que más sabe, ni el que más experiencia acumula, sino el que es capaz de mantenerse vigente, humano y creativo en medio de la transformación constante.

Resultados: Mayor claridad, foco y próximos pasos concretos.