Esta es una frase que he escuchado mucho últimamente. “Me carga la gente que publica todo en LinkedIn”, “no quiero actualizar mi perfil porque los de mi pega van a pensar que me quiero cambiar de trabajo”, “qué vergüenza ajena esa gente que publica todo lo que hace”, “yo conozco a varios/as que en la universidad eran bien pencas y ahora uno los/as ve en LinkedIn mostrando lo increíbles que son”… Suma y sigue. En el fondo, casi nadie nos enseñó cómo usar LinkedIn sin sentir que estamos haciendo el ridículo.
Y algo de razón tienen, porque LinkedIn tiene su propia fauna: el gerente general de la pyme familiar donde trabajan él, su señora y el cuñado, que se describe como CEO de una multinacional y describe: “lidero equipos en contextos de alta complejidad, logrando resultados comerciales sobresalientes”. No estoy cuestionando la veracidad de eso, sino la brecha que existe entre lo que escribe y cómo realmente es. El problema es que, como siempre, pagan justos por pecadores, y por no parecerse a ese gerente, mucha gente prefiere no mostrar nada.
Ni inflarse, ni esconderse
Y es que hasta a mí me ha pasado. Cuando me empecé a meter en el mundo de LinkedIn, hace unos años ya, tenía que poner en alguna parte que era coach (la profesión más manoseada y repetida del último tiempo) y que era speaker (palabra que en Chile suena a micrófono de cintillo y luces de colores, y que por cierto en español se dice “charlista”, pero en LinkedIn pocos aparecen como charlistas). Lo hice con harto pudor al principio, por todos esos sesgos que he venido escuchando hace tiempo, pero después dije: ¿por qué vergüenza? La realidad es que llevo más de 7 años haciendo procesos de coaching 1:1 con distintos profesionales y ejecutivos, y llevo más de 60 charlas y talleres masivos en el cuerpo (con públicos que van desde las 8 a las 280 personas en auditorios).
Ahí está la diferencia. No se trata de inflarse, ni de esconderse, sino de poder demostrar lo que has hecho con hechos concretos. Entre lo rimbombante (“lidero grandes equipos en contextos de alta complejidad”) y lo genérico (“profesional proactivo, orientado a resultados y con capacidad de trabajo en equipo”, o sea, lo mismo que dicen miles de perfiles), hay un tercer camino, bastante más aburrido de escribir y mucho más efectivo: los datos. “Lidero un equipo de tres personas y este año duplicamos las ventas online”. Realidad descrita con datos que se debieran poder comprobar.
El extintor que sacamos solo cuando hay incendio
Y hablando de datos, hoy por hoy LinkedIn tiene más de 1.300 millones de usuarios registrados en todo el mundo (resultados del primer trimestre de 2026, vía TreceBits) y cerca de 10 millones en Chile (según cifras de la propia red, vía Tour Innovación, 2026). Cada minuto se contratan 7 personas a través de esta red y cerca de 49 millones de personas buscan trabajo ahí cada semana (datos de LinkedIn, 2025-2026, recopilados por Superstrat Labs), lo que la ha transformado en la principal vitrina profesional que existe.
El problema, a mi parecer, es que la mayoría de las personas todavía le da un uso en función de la búsqueda de trabajo, lo que hace que muchas veces actuemos de manera desesperada y no (necesariamente) de mala fe. Volvemos a nuestro perfil solo cuando queremos postular a algo o cambiarnos de trabajo, o cuando estamos en la desesperación de la cesantía. Es por eso que, sin muchas herramientas ni habilidades, empezamos a conectar con quien se nos cruce, postulamos a todo lo que vemos, posteamos y escribimos sobre lo que sea (que parezca medianamente inteligente o sea un buen párrafo de mi amigo Claude o GPT) para estar, estar activos y ser vistos por esos reclutadores que nos van a venir a salvar.
LinkedIn es mucho más que una bolsa de trabajo
Resulta ser que cuando hablamos de vitrina profesional, no nos estamos refiriendo solamente al uso de encontrar trabajo, sino que estamos pensando en una plataforma que me permite conectar con mi red de contactos (universidad, colegio, postgrado, trabajos anteriores, comunidades, etc.), generar conexiones nuevas, mostrar lo que hago y mi valor (pero el real, no el que me hace parecer inalcanzable y brillante), dar a conocer mi opinión sobre los temas que manejo (los que manejo de verdad, no los que están de moda), mostrar mis aptitudes, aprender sobre distintos temas (LinkedIn Learning), vender y hacer marketing de mis productos o servicios, actualizarme en tendencias, conocer marcas empleadoras, seguir a los principales referentes de mis temáticas, etc, etc. Linkedin es mucho más que una herramienta para encontrar trabajo.
Por eso es que debería ser una red social más bien activa, en la que, independiente del lugar o la posición en la que esté, logre ir actualizando lo que voy haciendo y aprendiendo, y logre generar conversaciones y posteos sobre lo que realmente me mueve. ¿Por qué tendría vergüenza de hacer eso si no estoy diciendo nada que realmente no vaya conmigo? El punto en cuestión es cuánto me conozco, cuánto sé de lo que me interesa, qué tengo para ofrecer al mundo y al mercado, y cuánta claridad tengo sobre las métricas de lo que he hecho (cuántas personas he tenido a cargo, cuántos proyectos he sacado adelante y de qué tamaño, cuánto bajé un tiempo de respuesta o subí unas ventas, a cuántas personas he capacitado o atendido. Si no te sabes esos números, tu perfil tampoco). Porque con ese conocimiento seré capaz de mostrar lo que realmente me interesa y me mueve a quien tenga que conectar con aquello.
Cómo usar LinkedIn sin morir de vergüenza en el intento
Y si partir te da vergüenza ajena propia, parte por lo básico:
- Primero, actualiza tu perfil sin que nadie se entere: cuando edites tu experiencia, desactiva la opción de notificar a tu red. Tu jefe no va a recibir ninguna alerta de que “estás buscando nuevos desafíos”.
- Segundo, cambia el titular: usa esas 5 a 7 palabras clave que representan tu perfil realmente, no “profesional proactivo con orientación a resultados”. Que esas palabras conversen con tu extracto, tu experiencia y lo que publicas: LinkedIn arma la idea de quién eres cruzando todo eso, y mientras más coherente, más te muestra a quien le interesa.
- Tercero, antes de publicar, comenta. Un comentario con algo que pienses de verdad en el post de alguien que admiras ya es estar activo.
- Cuarto, cuando publiques, que sea sobre algo que ya estás haciendo: lo que aprendiste en ese curso, un problema que resolviste esta semana, un libro que te movió algo. No necesitas inventar una opinión brillante. Necesitas mostrar lo que ya eres, un poquito más seguido que cuando te despiden.
Así que no, no tienes que odiar LinkedIn. Tienes que dejar de usarlo como el extintor que sacas solo cuando hay incendio. Y si todavía te da vergüenza, piensa en esto: el “fantástico inalcanzable vendehumo que publica todo de manera grandiosa y rimbombante” no tiene ninguna. Tú, que sí tienes algo real que mostrar, eres el que se está quedando callado.