Por María Jesús Ramírez · Psicóloga laboral y coach de carrera
En el artículo anterior sobre el Networking expuse la importancia de conectar antes de nada. De esta manera de no partir hablando de uno mismo, sino escuchando al otro. Sin embargo, antes de poder escuchar, hay un paso previo que suele generar incluso más ansiedad que la reunión misma: el cómo pedirla. Ya sea a través de un mensaje por Linkedin, un whatsapp, un mail o incluso un llamado telefónico.
Muchas veces escucho frases como: mando mensajes y nadie me responde, me da vergüenza pedir reuniones a gente que no conozco. Y es completamente entendible. En un contexto laboral saturado de correos, mensajes y solicitudes, escribirle a alguien que no conocemos puede sentirse incómodo y forzado.
El problema no suele ser la intención, sino la forma en que planteamos el primer contacto.
El verdadero obstáculo del networking: lograr que te respondan
Antes de llegar a una buena conversación de networking hay un desafío previo: concretarla. Muchos mensajes fallan porque son genéricos, están centrados en uno mismo o no consideran el contexto del otro. En ese escenario, no responder no es mala voluntad; es saturación.
Cuando el mensaje suena a autopromoción o a vengo a pedirte algo, es probable que el receptor no tenga espacio ni energía para contestar. Por eso, más que insistir, conviene cambiar el enfoque.
Aquí es donde el método AIDA se vuelve especialmente útil.
El método AIDA para pedir reuniones de networking
AIDA es un modelo clásico de comunicación persuasiva, desarrollado originalmente por el publicista estadounidense E. St. Elmo Lewis en 1898 y ampliamente usado en psicología del consumidor, ventas y comunicación comercial. Su lógica describe las fases que atraviesa una persona desde que recibe un mensaje hasta que decide actuar: Atención, Interés, Deseo y Acción.
Lo que hace poderoso a este modelo en el contexto del networking es que invierte el foco habitual: en lugar de centrar el mensaje en lo que tú necesitas, lo estructura en función de lo que el otro necesita para querer responder. Antes de pedir, conectas. Antes de hablar de ti, demuestras que sabes con quién estás hablando.
A – Atención Atraer la atención es mostrar desde dónde escribes y por qué. El objetivo es dar contexto, no hablar de ti.
“Estoy investigando cómo están evolucionando las áreas de operaciones en retail, especialmente en eficiencia, abastecimiento y experiencia de cliente.”
Con una frase así, el otro entiende rápidamente por qué le estás escribiendo.
I – Interés Generar interés no es halagar. Es demostrar que hiciste la tarea. Aquí se trata de mostrar que sabes con quién estás hablando y que no es un mensaje genérico.
“He visto tu trayectoria liderando equipos y proyectos en esta industria y me llamó la atención tu enfoque en automatización de procesos.”
No exageras. No adulas. Reconoces algo concreto.
D – Deseo Esta es la fase que más se suele saltar, y la que más diferencia hace. Se trata de despertar en el otro las ganas de tener esa conversación, conectando tu interés con su experiencia antes de pedir nada.
“Me interesa mucho conocer tu visión sobre los desafíos actuales del rol y qué capacidades están marcando la diferencia hoy. Estoy en búsqueda activa y este tipo de miradas me ayuda a entender mejor el movimiento del mercado.”
El foco sigue estando en la conversación, no en ti.
A – Acción Recién aquí pides algo concreto, breve y respetuoso. La clave es acotar el tiempo y ofrecer flexibilidad.
“Si te acomoda, ¿te parecería una llamada de 15 o 20 minutos esta semana o la próxima?”
No exiges. No presionas. Abres la puerta.
Ejemplo completo de mensaje usando AIDA
Hola XXX.
Estoy investigando cómo están evolucionando las áreas de operaciones en retail, especialmente en eficiencia y abastecimiento.
He visto tu trayectoria liderando equipos en esta industria y me llamó la atención tu enfoque en automatización de procesos.
Me interesa mucho conocer tu visión sobre los desafíos actuales del rol. Estoy en búsqueda activa y este tipo de conversaciones me ayuda a entender mejor el mercado.
Si te acomoda, ¿te parecería una llamada de 15 a 20 minutos esta semana o la próxima?
El modelo AIDA aplicado al networking evita el modo “vengo a pedirte algo” y entra en el modo “vengo a escuchar y aprender”. Y eso abre muchas más puertas que cualquier CV.
Cuando el mensaje cambia, el resultado también
He visto cambios muy concretos cuando las personas ajustan su forma de comunicarse.
Una profesional del sector financiero con quien trabajé llevaba meses mandando mensajes a reclutadores y headhunters por Linkedin sin tener respuesta. Eran mensajes estandarizados, muchas veces generados por ChatGPT, enviados a múltiples contactos sin resultados. Cambiamos el enfoque: dejó de enviar su CV y de pedir trabajo. Empezó a preguntar por la visión del mercado, empezó a reconocer la trayectoria de su audiencia antes de contactar. En tres semanas agendó seis reuniones y recibió dos derivaciones. No cambió su experiencia. Cambió su conversación.
Otro caso que se me viene a la cabeza fue el de un ingeniero que había liderado grandes equipos comerciales y abría siempre sus reuniones de networking contando sus logros y lo bueno que era para vender. Resultado, no había conexión genuina con el interlocutor. ¿Qué hicimos? reordenamos el enfoque: primero escuchaba y conectaba con la realidad del otro; luego hacía su pitch que habíamos preparado previamente y conectaba con el contexto de ese otro. En menos de un mes fue recomendado directamente a dos empresas, sin haber postulado a una sola vacante.
Networking como estrategia de lectura del mercado
El objetivo del networking no es pedir trabajo ni venderse mejor. Es ampliar la red profesional para entender cómo se está moviendo el mercado desde la mirada de quienes ya están dentro.
Cuando se hace con este enfoque, el networking se parece más a un ejercicio de periodismo profesional: hacer buenas preguntas, recoger información relevante, detectar patrones y usar ese conocimiento de forma estratégica.
Antes de cerrar, te hago una pregunta ¿cuándo fue la última vez que tuviste una conversación de networking sin que hubiera una urgencia detrás?
Me atrevería a decir que la respuesta es “hace mucho” o “nunca”. Y sé que muchas veces no es por falta de interés, es que solemos guardar esta práctica para los momentos de crisis, cuando más cuesta y menos dan ganas.
Pero el networking funciona mejor cuando no lo necesitas. Cuando puedes escuchar con calma, conectar sin presión y aportar sin pedir. Ahí es cuando se construyen las relaciones que realmente mueven carreras.
Una conversación al mes. Sin CV, sin urgencia. Solo curiosidad genuina por entender cómo se mueve el mercado desde adentro.